LOS GRANOS Y SU CONVERSIÓN A SUPERFOODS

Existen ciertos alimentos que han crecido en relevancia para incluirse en nuestra dieta debido a los posibles efectos positivos que pueden aportar a nuestra salud. Se les denomina superalimentos, ya que sus aportes nutrimentales van más allá del sabor y contienen propiedades que pueden ser benéficas para el organismo1,2. Nuestro cuerpo necesita de todos los nutrimentos para funcionar, ¡los cuáles obtendremos a través de nuestra alimentación!

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LOS GRANOS Y SU CONVERSIÓN A SUPERFOODS

Existen ciertos alimentos que han crecido en relevancia para incluirse en nuestra dieta debido a los posibles efectos positivos que pueden aportar a nuestra salud. Se les denomina superalimentos, ya que sus aportes nutrimentales van más allá del sabor y contienen propiedades que pueden ser benéficas para el organismo1,2. Nuestro cuerpo necesita de todos los nutrimentos para funcionar, ¡los cuáles obtendremos a través de nuestra alimentación!

Se llaman SUPERFOODS porque poseen altas fuentes de antioxidantes y nutrientes esenciales que necesitamos para el adecuado funcionamiento de nuestro organismo y que nuestro cuerpo no puede producir por sí solo.

LOS SUPERFOODS también ayudan a desintoxicar el organismo, aumentan la energía, mejoran el sistema inmune, y el bienestar general. Además, a diferencia de las vitaminas y minerales sintéticos, estos se absorben y se utilizan de manera sumamente eficiente dentro de nuestro organismo.

El Mundo está tomando mayor conciencia por consumir alimentos con valor nutricional. Los granos andinos, por ejemplo, son ricos en proteínas, fibras y aminoácidos esenciales. Son nutricionalmente completos ya que presentan un balance adecuado de proteínas, carbohidratos y minerales necesarios para la vida humana.

Varios granos pequeños y desconocidos aumentan su popularidad debido a sus propiedades: pocas calorías, mucha proteína (a menudo, proteínas completas) y sin gluten. Son los nuevos superalimentos.

Más que nuevas, estas semillas (pseudogranos o pseudocereales) han sido ajenas al gran público, a menudo relacionadas con el cultivo y consumo de subsistencia.

También pasaron desapercibidas para la agroindustria, interconectada y homogeneizadora desde los avances productivos del fin de la II Guerra Mundial (monocultivos intensivos, fertilizantes químicos, variedades genéticamente modificadas).

Quínoa, chía, amaranto, linaza, mijo, tef, sorgo, cebada o modalidades de trigo primitivas en desuso por su menor productividad –farro, espelta, etc.-, entre otros cereales con semilla pequeña, afrontan una nueva popularidad entre consumidores afluentes y concienciados de Norteamérica, Europa, Japón y los principales mercados emergentes.

Quínoa, chía y amaranto son semillas de plantas de hoja ancha usadas del mismo modo que los cereales, procedentes de pastos, de ahí su catalogación como “pseudocereales”.

También se consideran pseudocereales otros cultivos todavía más locales y minoritarios. Por ejemplo, el ojoche, el trigo sarraceno, la totora, la cañahua (similar a la quínoa y también de cultivo incaico); o el huazontle de Norteamérica, crucial en las culturas prehispánicas de los actuales México y Suroeste de Estados Unidos, y de la familia del amaranto.

Hasta hace poco ninguneados como “alimento para indígenas” (quínoa, chía, amaranto), “pienso para ganadería” (mijos, cebada) o reliquia etnográfica (espelta en el norte de Iberia y los Alpes, distintos amarantos, etc.), estos granos comparten el favor de los estudios nutricionales concienzudos.

Combinan los beneficios de cereales, productos fermentados y carne, eludiendo los efectos adversos de, sobre todo, el exceso y adulteración de la proteína animal predominante en el consumo mundial.

Al mismo tiempo, varios de estos granos son reinvindicados por sus cualidades objetivas. Cultivados y consumidos en sus lugares de domesticación durante milenios, pasan de ser sólo reconocidos por productores y consumidores locales como oportunidad nutricional y de desarrollo, a “superalimentos” con reputación global.

La popularidad de los granos pequeños en dietas ricas en vegetales coincide con estudios sobre el carácter saludable de dietas tradicionales.

Algunas de estas pequeñas “supersemillas”, como la chía y la linaza, concentran los mayores niveles de ácido graso alfa-linolénico omega 3 de las especies vegetales comestibles, con propiedades que han sobrevivido a milenios de homogeneización genética de los principales cultivos humanos.

Otras pequeñas semillas, hasta ahora poco conocidas por el gran público, compiten con la quínoa en protagonismo y propiedades saludables y compensan en los últimos meses la escasez del grano andino, derivado del aumento de la demanda en Estados Unidos y su promoción en Perú y Bolivia, que copan el 90% de la producción.

Una alternativa alimentaria para reducir, a precios razonables, el consumo de carne y sus consecuencias para la salud y el medio ambiente, cuando centenares de millones de personas aumentan su nivel de renta en los países emergentes y emulan patrones de consumo occidentales, incluyendo una dieta con más grasa animal.

La consecuencia: México, cuna de la chía y de una de las culturas gastronómicas más ricas del mundo (el franciscano Bernardino de Sahagún documentó platos prohibidos por los españoles), influenciado por la cultura y dieta de su vecino del norte, es ahora el país con mayores índices de obesidad y sobrepeso del mundo.

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